• Aprender a usar hilo dental, cepillos y sprays interdentales: la limpieza dental a través del cepillo no es suficiente. Debemos completar nuestra limpieza a través del hilo dental, capaz de eliminar restos de alimentos de espacios interdentales y ocultos. También podemos utilizar cepillos o sprays interdentales para limpiar profundamente.

  • No olvides cuidar tus encías: especialmente si las tienes muy sensibles. Utiliza dentífrico y cepillos especiales con cerdas blandas. Cepíllate con suavidad para no irritar ni dañar las encías.

  • No fumes: el tabaco disminuye la secreción de saliva, favoreciendo la aparición de bacterias y desequilibrando el ecosistema oral. De este modo, aumenta el riesgo de padecer caries o enfermedades de las encías como la periodontitis, además de producir halitosis.

  • Acudir a tu odontólogo regularmente: debido a que ni siquiera un cepillado profundo consigue eliminar por completo la placa dental, las limpiezas bucales están recomendadas cada seis o doce meses. Igualmente, debes realizar una revisión de tus dientes al menos una vez al año. 

  • Inculcar a tus hijos una buena higiene dental: conciénciales de la importancia de no comer dulces entre horas y de cepillarse los dientes después de cada comida. Explícales cómo deben hacerlo y controla cómo se cepillan hasta que desarrollen una rutina adecuada, lo que suele ocurrir a los 7 u 8 años. Recuerda, en todo caso, que tú eres su mejor ejemplo.


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