• Salud: El primero y más importante de todos. Dejar de lado el cuidado de la boca puede suponer más de un disgusto. Las enfermedades relacionadas con las encías pueden tener como consecuencia la pérdida de piezas dentales, por no hablar de la caries, placa bacteriana, gingivitis o periodontitis, que son solo la punta del iceberg.

  • Prevención: Acudir regularmente al dentista es la clave para no tener que someterse a tratamientos o intervenciones dentales agresivas. La prevención y el mantenimiento de la salud de nuestra boca son fundamentales para no desencadenar problemas mayores.

  • Higiene: Tener unos dientes sanos va acompañado de tener unos dientes limpios, ya que la higiene juega un papel fundamental en el bienestar de la boca. El cepillado, el uso del hilo dental y los colutorios nos ayudan a alejar las enfermedades dentales.

  • Estética: El dentista no solo te ayuda a mantener tu boca sana sino también una sonrisa bonita a base, muchas veces, de ortodoncia para colocar en su sitio cada una de las piezas dentales. Este punto es fundamental para una mayor autoestima del paciente.

  • Ahorro: Cumplir con las revisiones periódicas del dentista y por lo tanto tener una boca sana, nos supondrá un menor gasto de dinero.